De Último trabajo de Heracles






Fue una mala maniobra,
una mala maniobra
que terminó con las cúpulas
de todas las catedrales clavadas en mi pecho.
Fue la cruel maniobra
que desde las sombras me cantó letanías;
una maniobra, por la cual
                    ahora temo pensar en venganza.
Sí, te esclavizaré en mi rincón.
Y ahí, cisne dorado,
puños que engendrarán a otros
hasta que renuncies a tu belleza.