Te he traído flores rojas y celestes
         de donde las fatiga el viento,
e intentado tenerte con una caricia
y sin querer las miradas jugaron puras;
he seguido en la tarde tu paso sencillo
                       y visto relucir tu frente;
me sentí tuyo y la certeza de tu cuerpo
que me espera, entonces la hiel derrotada;
                      luego tu boca extraviarse
en besos regalados y sin saberlo.
También presentí el tiempo
cuando tus párpados cerrados palpitan
y escuchado las calles en fiesta;
y luego al mundo, con su lengua de fuego
en tu oído y retenerte. ¿Quién es el mundo
                       para interrumpir lo sincero?